sin
que me lloren
las
manos.
Me
abraza una pena
Y mis dedos corren a esparcir
tinta
en el paisaje.
El
dolor araña,
no
el mío,
el de toda causa o
el de toda causa o
tala de arboleda,
y
empapan entonces
nubes
abolladas
los
márgenes.
La
injusticia
me
dicta renglones
que
flotan inocentes
en
la sangre.
No
sé escribir
sin
que me tiemble
la
existencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario