jueves, 11 de octubre de 2018



No sé escribir
sin que me lloren
las manos.

Me abraza una pena
Y mis dedos corren a esparcir
tinta en el paisaje.

El dolor araña,
no el mío, 
el de toda causa o 
tala de arboleda,
y empapan entonces
nubes abolladas
los márgenes.

La injusticia
me dicta renglones
que flotan inocentes
en la sangre.

No sé escribir
sin que me tiemble
la existencia.

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