Tus
pasos perfilan las huellas
a
seguir en la niebla,
convencido de caer en su frescor
me
invitan tus manos.
Palabras
que se asoman
en los gestos
confunden
silentes el camino.
Pero
no me pierdo.
Atajo
la mirada
por tus labios
para
no olvidar
que es primavera.
Y
rindo las armas.
Búscame
las venas y corta,
profundo,
riega las flores
con
esa sangre
que pretende teñir
la
estela que dibujas.
Si al
girarte no me ves
será
porque quimeras
me han llevado lejos,
a
contra viento.
Hoy
sé que amar
es la conquista
del
territorio a cada palmo
que habitas,
y perderse en la frontera.
Tu
cuerpo traspasa las yemas
de mis dedos
y nuevas caricias calculan
nerviosas la distancia.
Enredaderas trepan
en mis sueños tu castillo,
sin
saber dónde
brotarán sus flores.
Y una
golondrina que busca nido
te está
rondando, atolondrada,
lista
cada vez que pierde tu rastro
para
emigrar a la tristeza.